Entrenamiento de fuerza en el adulto mayor e índices de mortalidad.

A diferencia del ejercicio cardiovascular que ha sido bien documentado, el entrenamiento de fuerza ha adquirido reciente popularidad debido a sus beneficios para recuperar la masa muscular y fuerza anteriormente perdidas a causa del envejecimiento, sin embargo, hoy por hoy ese rol ha dejado de ser la única función del entrenamiento de fuerza.

Realizar actividad física de forma recurrente confiere una multitud de beneficios para adultos de todas las edades, quizás uno de los mayores beneficios están en prevenir la muerte prematura asociada a todas las causas, enfermedades cardiovasculares, diabetes e incluso algunos cánceres [1].

Aunque las guías de actividad física han sido ampliamente divulgadas desde hace décadas por la American College of Sports Medicine (ACSM) [2]. Las recomendaciones asociadas al entrenamiento de fuerza sólo se han desarrollado de forma más reciente en los últimos años. El 2007 la American Heart Association (AHA) junto con la ACSM, establecieron recomendaciones incitando a todos los adultos a participar de actividades asociadas al entrenamiento de fuerza por lo menos dos veces por semana [3], con un énfasis similar en actividades de fortalecimiento muscular para adultos mayores [4].

Para entrar en contexto con estas recomendaciones quizás sea apropiado mencionar un estudio [5] de cohorte longitudinal, en donde se tomaron los datos de 30,162 personas de la National Health Interview Survey (NHIS), con fecha de 1997 al 2001, y se compararon las tasas de mortalidad de la población con un seguimiento a 15 años en el futuro, ajustando los datos relacionados al entrenamiento de fuerza. Dentro de éste, el 31.3% de la población del estudio falleció en el transcurso de los 15 años de seguimiento, sin embargo, lo más interesante fue que los adultos mayores que realizaron entrenamiento de fuerza (i.e. Entrenamiento con cargas), tuvieron un 45% menos riesgo de fallecer por cualquier causa, un 19% menos riesgo de fallecer por cáncer y un 41% menos riesgo de fallecer por problemas cardíacos.

En una revisión narrativa de Volaklis, Halle y Meisinger (2016) [6], se asoció la fuerza muscular como un fuerte predictor de la mortalidad mediante la revision de 23 estudios seleccionados que cumplían con sus criterios de inclusión (contándose 15 estudios epidemiológicos y 8 estudios clínicos), donde la fuerza muscular fue inversamente e independientemente asociada con índices de mortalidad por toda causa (i.e. Que niveles de fuerza más elevados se asociaban a una tasa de mortalidad reducida), inclusive después de ajustar los datos a diversos co-factores, incluyéndose los niveles de actividad física e incluso el famoso ‘fitness’ cardiorrespiratorio.

En otro estudio de cohorte prospectivo con 8,762 hombres, de 20 a 80 años [7], se halló una mortalidad de orígen cardiovascular significativamente menor en un 26% y 29% para aquellos categorizados en los dos tercios de mayor fuerza muscular, inclusive después de ajustarse los datos por edad, actividad física, tabaquismo, consumo de alcohol, índice de masa corporal, condiciones médicas y antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular.

Se obtuvieron resultados similares en otro estudio [8], donde los participantes que obtuvieron un puntaje alto asociado a la fuerza de extensión de rodilla y prensión palmar, tenían un 35% menos de riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular en comparación con aquellos que obtuvieron un puntaje bajo en las pruebas de fuerza.

Es en base a datos como estos, es que hoy en día es factible realizar recomendaciones relacionados a actividades estigmatizadas en el pasado e inclusive en los tiempos actuales, como el entrenamiento de fuerza en adultos mayores, el cuál se ha determinado como imprescindible para la salud, no sólo con fines estéticos o competitivos, sino también, para inducir mejoras en la calidad de vida, como bien lo sugiere la evidencia actual.


Referencias.

  1. Autenrieth CS, Baumert J, Baumeister SE, et al. Association between domains of physical activity and all-cause, cardiovascular and cancer mortality. Eur J Epidemiol. 2011;26(2):91-99.
  2. American College of Sports Medicine position statement on the recommended quantity and quality of exercise for developing and maintaining fitness in healthy adults. Med Sci Sports. 1978;10(3):vii-x.
  3. Haskell WL, Lee IM, Pate RR, et al. Physical activity and public health: updated recommendation for adults from the American College of Sports Medicine and the American Heart Association. Circulation. 2007;116(9):1081-1093.
  4. Nelson ME, Rejeski WJ, Blair SN, et al. Physical activity and public health in older adults: recommendation from the American College of Sports Medicine and the American Heart Association. Circulation. 2007;116(9):1094-1105.
  5. Kraschnewski Jennifer L., Sciamanna Christopher N., Poger Jennifer M., Rovniak Liza S., Lehman Erik B., Cooper Amanda B., Ballen- tine Noel H., Ciccolo Joseph T., Is strength training associated with mortality ben- efits? A 15 year cohort study of US older adults, Preventive Medicine (2016).
  6. Volaklis KA, Halle M, Meisinger C. Muscular strength as a strong predictor of mortality: A narrative review. Eur J Intern Med. 2015;26(5):303-310.
  7. Ruiz JR, Sui X, Lobelo F, Morrow JR, Jackson W, Sjoestroem M, et al. Association between muscular strength and mortality in men: prospective cohort study. Br Med J 2008;337:92–5.
  8. Ortega F, Silventoinen K, Tynelius P, Rasmussen F. Muscular strength in male adolescents and premature death: cohort study of one million participants. Br Med J 2012;345:e7279.